Guía breve de la ciudad (maldita), de Miguel Baquero

Multitud de personajes, decenas de lugares, cientos de situaciones… La guía de una ciudad imaginaria.

Guía breve de la ciudad (maldita), de Miguel Baquero

Una guía única que reivindica el poder de la literatura y la imaginación. Entrega en 1-3 días en todo el territorio peninsular. Para otros destinos, consulten a la editorial.

€17,50

  • Tapa blanda: 338 páginas
  • Editor: ACVF – La Vieja Factoría
  • ISBN-10: 8494945327
  • ISBN-13: 978-8494945328
  • PVP: 17,50

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Puedes leer la entrevista de Tomás de Sousa a Miguel Baquero al pie de esta página.

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Miguel Baquero levanta ante nuestros ojos toda una ciudad imaginaria que se extiende en el tiempo, desde un lejano pasado prerromano hasta nuestra moderna era digital. Entre medias, guerras de conquista, trágicos accidentes, conspiraciones, crímenes y hasta efectos paranormales… Sólo un escritor como Miguel Baquero podía proponernos un viaje en el que se emplean registros tan variados: el lenguaje de las revistas de música pop y el de los cronistas medievales, el habla de la ciencia, la jerga canalla… La ciudad concebida como un ser vivo. Una guía única que reivindica el poder de la literatura y la imaginación.

El autor

M_Baquero
Miguel Baquero. Fotografía de Pilar García ©

Extracto de una entrevista con Miguel Baquero

Me he citado con Miguel Baquero en la misma cafetería en la que nos encontramos hace ya un montón de años por primera vez, entre el Barrio de Bilbao y Chamberí. Llueve. Ruido de cubiertos.

Entra por la puerta del establecimiento el mismo hombretón de entonces, con algo más de peso y algo menos de pelo, pero la misma sonrisa amable. Me saluda mientras se quita el abrigo. Se sienta a la mesa y pedimos un par de cafés. Miguel Baquero tiene el don de saber dialogar: una de esas personas que escuchan y a las que es un placer escuchar.

Afuera sigue lloviendo, las aceras relucen con los reflejos de los semáforos y los faroles. ¿He dicho que ya es de noche? Dentro, encima de esta mesa, bajo la luz de una lámpara, comienzan a levantarse despacio los edificios de una ciudad imaginaria: Guía breve de la ciudad (maldita), la novela que Miguel Baquero acaba de publicar.

Por Tomás de Sousa, para Factoría de la Lengua

TS: ¿Cuál fue el punto de partida, la idea o la imagen que te llevó a escribir Guía breve de la ciudad?

MB: Llevaba bastante tiempo pensando en cómo escribir algo, cuento o novela, en que se rompiese por completo la narración lineal y se pudiesen mezclar diferentes épocas sin que resultase algo incoherente. Cierto día, se me ocurrió que podría plantear una novela al estilo de una guía turística, en que cada calle encerrara una historia, o a veces varias. En estas guías turísticas, el lector, casi al azar, mientras pasea, va cruzando por distintas épocas y salta, con total normalidad, de una época a otra. Pensé que siguiendo este modelo podía resultar un libro, además de muy atractivo de escribir, también muy divertido de leer.

¿Eso quiere decir que has querido entretener?

No sé si me gusta la palabra entretener. Parece que estuviéramos hablando de un pasatiempo sin mayor importancia. Me gustaría que mis novelas divirtiesen al lector, eso está claro; no entiendo a quienes escriben para confundir y adormilar a quienes les leen, creyendo con eso ser más profundos. Pero dicho esto, también me gustaría pensar que esa diversión puede llegar a ser, para alguien, algo más que entretenerse o pasar el rato.

Las calles de tu novela tienen un olor inconfundible a ciudad ibérica, peninsular. ¿Te has inspirado en alguna ciudad concreta? ¿Pensabas en alguna al escribir tu libro?

La ciudad es española, por supuesto, en el sentido de que los acontecimientos que ocurren en ella siguen el compás de la historia de España, sus sucesivas guerras, revoluciones, descubrimientos, cambios políticos… En realidad, no tuve presente ninguna ciudad en concreto. Quizás, por ser yo madrileño, mucho de la historia de mi ciudad haya en los episodios que se cuentan, pero más bien tuve en mente una ciudad castellana del estilo de Ávila, Segovia, Soria o Palencia, una ciudad pequeña en que en un corto espacio haya concentrada mucha tradición.

Sin embargo, a veces vemos las ciudades actuales como un capítulo nuevo en la historia. Quiero decir que tendemos a ignorar el pasado, que paseamos por una ciudad y no parecemos reparar en todo el pasado que encierra…

Hay muchos tramos de la historia que se desprecian de una manera absurda. Nos pasa que juzgamos hechos de hace un siglo, o un milenio, bajo un prisma actual, mediante conceptos que en esas épocas ni siquiera se imaginaban. En esto me parece que demostramos una incultura absoluta. En literatura, yo he oído renegar de Quevedo por sus burlas hacia los judíos, cosa que era lo habitual en la época, y censurar a Julio César por poco ecologista, porque para construir sus fuertes en la Galia derribó millares de árboles. Y, por supuesto, toda la literatura anterior a los 70, o incluso más hacia acá, es en el fondo machista. Pero debemos leer teniendo asumido que antes se pensaba y actuaba de otra manera, a veces sencillamente porque no existia ni asomo de los conceptos actuales. Lo mismo pasa a veces con edificios, rincones y hasta ciudades enteras, que se menosprecian por su pasado políticamente incorrecto. Un disparate.

¿Es la ciudad un ser vivo?

Me gusta ese concepto; así lo pienso yo. Las ciudades laten delante de nosotros; casi a ojos vista vemos cómo aquí se expande, allá se contrae; unos barrios se degradan, otros se recuperan; unos comercios adquieren fama repentina, otros la pierden y echan el cierre en sólo unos años… Las ciudades son entes vivos, por supuesto, seres latientes que unas veces se aceleran y otras quedan como amodorrados; en unas épocas se muestran rebeldes, en otras sumisos y obedientes… Y por supuesto, en todo este proceso van acumulando experiencia, igual que cualquier ser humano, por lo que hay ciudades ingenuas y ciudades escarmentadas y endurecidas.

Vives en Madrid. ¿Es una ciudad endurecida? ¿Cómo ves el Madrid de los últimos años? A mí me ha llamado mucho la atención la invasión de turistas en el centro de la capital. Estas grandes ciudades, como Madrid o Lisboa, parecen estar convirtiéndose en parques temáticos para los visitantes.

Sí, es muy posible. Yo, por ejemplo, cada vez encuentro menos gente en Madrid que quiera vivir en el centro-centro de la ciudad. Para alguien que pretenda hacer una vida digamos tradicional (me refiero a formar una familia) es muy incómodo vivir en el centro, en cuanto a colegios, tiendas, desplazamientos, sitios donde hacer deporte… por lo que se instala en el extrarradio. Los hijos de quienes vivieron en Chamberí, Lista, Cuatro Caminos, La Latina, y tantos barrios céntricos, compran sus casas en las afueras. El centro está quedando para oficinas, comercios, restaurantes, bares y pisos turísticos. Esto me recuerda una vieja, y al parecer visionaria, canción de Pata Negra, que decía: “Sevilla tiene dos partes, / dos partes bien diferentes, / una es la de los turistas / y otra donde vive la gente”.

Aprecio en tu literatura un juego constante entre la realidad y la fantasía, a veces incluso un surrealismo. Hay un momento que me parece especialmente brillante en tu novela, me refiero a la aparición repentina de sofás, de salitas de estar completas en esas tierras de nadie que hay en los nudos de las autovías.

Excepto en un par de episodios, he procurado que todo en la historia de esta ciudad fuese, de alguna manera, posible. Que, aunque resulte difícil de creer, pueda darse el caso de que, por ejemplo, una familia practique el incesto durante varias generaciones, un verdugo canturree mientras ejecuta, o un atleta bata, por sorpresa, y por mucho, un récord mundial. He intentado llevar la realidad al borde mismo de la fantasía.

Y lo has conseguido, desde luego. La realidad, se suele decir, supera a la ficción. A veces no nos atrevemos a hacer ficción con lo inusual, temiendo que no se nos crea…

La única diferencia a veces entre la realidad y la ficción es que ésta, la ficción, sigue ciertas reglas narrativas mientras que la realidad las puede incumplir absolutamente todas en un momento dado. Si yo escribo, aunque quiera hacer literatura trasgresora, de un grupo de personas que está en una playa oyendo tocar a un grupo y de repente llega una ola de veinte metros y lo arrasa todo, cualquier lector tirará el libro, porque eso no tiene sentido alguno. No hay ni progresión, ni tensión, ni se prepara la escena, ni nada… Y sin embargo, eso es lo que a veces ocurre de verdad.

Una de las capas de tu libro es la presencia constante de lo histórico en la actualidad. A la vuelta de una página sobre el rock de los años 1980, uno se encuentra de nuevo con el siglo XIX, con la Edad Media, o con una guerra de conquista en el periodo del imperio de Roma.

Ése era el objetivo inicial: romper con las historias lineales que, a lo sumo, combinan un tiempo presente con la referencia a un tiempo pasado. Se trata de que el lector vaya pasando de una época a otra, a veces muy distantes entre sí, con la mayor naturalidad. De hecho, eso ocurre en la actualidad, y no sólo en el caso de las guías turísticas que yo he usado como referencia. El espectador del siglo XXI puede pasar, en el espacio de un intervalo publicitario, y a veces ni eso, de la contemplación de una serie ambientada en la Edad Media a un documental sobre la Guerra Fría, y acto seguido a una película en que se recrean los tiempos romanos, sin que necesite de un tiempo de descomprensión ni nada parecido entre medias. El espectador de hoy está acostumbrado a este vaivén temporal y yo sólo he tratado de llevarlo a lo literario.

Pero vayamos con la recepción de tu novela. El escritor Carlos Manzano ha definido tu obra como una novela-mundo.

He querido crear, es cierto, un pequeño mundo donde englobar tiempos, pero también sentimientos, y espero que cualquier lector, en un determinado momento, pueda sentirse cercano de este o aquel personaje que cruza y cuya historia se cuenta. El tono que predomina en la novela es el humor, pero nada asegura al lector que las historias no puedan acabar derivando hacia la tragedia o hacia la catástrofe. Como en el mundo real, puede ocurrir cualquier final, por decirlo de alguna manera.

Quería preguntarte… estoy pensando en obras tuyas anteriores, como esa pieza maestra que es el relato «Cartas desde las ruinas», que abre tu libro Diez cuentos mal contados; pero también en los volúmenes de Amigo bloguero… ¿Qué lugar ocupa esta Guía breve de la ciudad en tu obra literaria?

Los Diez cuentos mal contados son relatos de ficción futura. Yo los llamo así porque no tienen intención científica, a diferencia de la ciencia-ficción. En ellos, juego a situarme en un futuro a veces muy, muy lejano, y desde allí contemplo el mundo actual. Esa distancia creo que da la posibilidad de advertir nuestras incoherencias y comportamientos absurdos. Yo lo comparo con contemplar un cuadro muy de cerca: así sólo ves manchas de color, conque debes alejarte para captar bien el conjunto. En esos cuentos intenté adoptar una visión ingenua y sorprendida, lo que llaman «la mirada desnuda», que posteriormente, en Amigo bloguero, apliqué a la actualidad, y que he descubierto es el registro en que me siento más cómodo para escribir. La Guía breve pienso que es, en realidad, un intento de aplicar esa mirada sobre un universo más amplio.

Leyendo esta Guía breve de la ciudad, uno tiene la sensación de que Miguel Baquero se reinventa en cada nuevo libro.

Yo no soy un escritor profesional, y no lo digo en el sentido de que, por ser aficionado, deje de cuidar la calidad de lo que escribo y presento a los lectores, alguno de los cuales llevan tiempo siguiéndome. Por supuesto que no. Lo digo porque yo de momento no tengo obligación de ceñirme a plazos, compromisos, modelos ni patrones, por lo que sería absurdo que yo mismo me coartara la libertad de crear a mi gusto; aunque siempre, repito, intentando poner la máxima calidad en lo que hago. Puedo afrontar cada libro como una aventura, como un riesgo, sin prisa ni presión por sacarlo adelante.

Hubo unos años en que era frecuente leerte en revistas literarias. Colaborabas en muchos medios, con reseñas de libros y comentarios sobre la actualidad social y cultural.

Poco a poco, he ido apartándome de eso, en parte por el tiempo que me robaba y en parte porque veía, cada vez más, que se estaba imponiendo una especie de crítica acrítica que a mí no me acababa de gustar. No se trata, ojo, de cebarse con los defectos de las novelas o de atacar a los autores, nada de eso. Se trata de hacer una crítica realmente seria y no un mero recurso publicitario. En algunas revistas en las que colaboraba advertí cómo se daba prioridad a reseñas o criticas construidas sencillamente dando una breve nota biográfica del autor, contando un poco por encima el argumento de la novela: extraído a veces, cambiando algunas palabras, de la solapa, o de la nota de prensa; se notaba que el crítico, a veces, ni había leído el libro; e indicando luego si se leía o no se leía de un tirón. Después que muchas críticas de este estilo me pasaran por delante, y como no tenía acceso a revistas literarias más serias, decidí retirarme.

¿No crees que sería posible y deseable otro tipo de crítica literaria, a la altura de las propuestas honestas y bien escritas?

La crítica quizás esté pecando de acomodaticia. Se pliega a lo que tiene éxito; como mucho, tuercen un poquito el gesto, pero no se atreven a cuestionarlo en serio. Hay una frase que comencé a escuchar cuando hacía crítica y que cada vez se ha generalizado más: ¿quién soy yo para cuestionar lo que gusta a tantísimas personas? Y es verdad que los gustos son irracionales, y a mí y a cualquiera nos gustan libros, películas, canciones… manifiestamente mejorables, pero nos gustan pese a todo y no sabríamos decir por qué. Pienso que no estaría de más, por parte de los críticos capacitados para hacer análisis literarios, decir que eso que tanto gusta ―y que yo celebro que guste, y ojalá dure muchos años―, no tiene calidad. Lo cual no significa que al lector tenga que dejar de gustarle, pero que sepa que no es caviar, es chopped. Y eso sí, yo soy el primero que dice que a veces apetece una rodaja de chopped o un buen plato de fritanga, por qué no.

Eres ya un escritor con experiencia de años y en plena madurez. ¿En qué ha cambiado, en tu opinión, la cultura literaria en los últimos años? ¿Para mejor, para peor? ¿Qué aporta tu novela a los lectores, a la cultura actual?

Es notorio que el mundo cultural, sobre todo el literario, cada vez se vuelca más hacia el negocio. Así ha sido siempre, a qué engañarnos, pero en los últimos años es algo arrasador. Las grandes editoriales buscan acaparar espacio en las librerías, y les da por completo lo mismo la calidad de lo que publican, con tal que venda. Hay cosas que son escandalosamente malas y a las que, sin embargo, se premia y promociona y se quiere hacer pasar por cultura de calidad, a costa muchas veces de asfixiar expresiones literarias distintas a lo que está en el mercado, y a costa también de amoldar el gusto de los lectores-consumidores a ese tipo de literatura. Antes me enfadaba esta situación; ahora, sinceramente, entiendo que es una batalla perdida. Aunque también pudiera ser que si uno no se abre camino en el mercado es porque lo que escribe es malo, lo admito: muy necio es el creador que no duda a ratos, por no decir constantemente, de su propia calidad. Tengo asumido que puede ser, en el fondo, por eso, pero de lo que sí me precio es de ofrecer al lector una obra sincera, sin artificios ni atajos, original y diferente.

Miguel Baquero es escritor. Entre sus obras se cuentan Amigo blogueroDiez cuentos mal contados y Vida de Martín Pijo.

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